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El presidente Trump ha tenido batallas mediáticas frontales con medios de comunicación, periodistas, jueces y funcionarios de su Gobierno que han renunciado.

El presidente Trump ha tenido batallas mediáticas frontales con medios de comunicación, periodistas, jueces y funcionarios de su Gobierno que han renunciado. | Foto: Reuters

Publicado 28 mayo 2018
Donald Trump se beneficia del conocimiento de un conjunto de actos del habla ampliamente conocidos en el terreno de la publicidad y en el mundo de los negocios.

La actual administración de la Casa Blanca tiene apenas un poco más de un año de su inauguración llevada a cabo el 20 de enero del 2017 y el presidente Donald Trump ha tenido poco espacio para dedicar a la gobernanza per se, ya que la mayor parte del tiempo se ha dedicado al ejercicio permanente de una ‘’gobernanza a prueba de crisis’’, o más bien, gobernar bajo crisis. El reto del presidente para su actual período será garantizar la gobernabilidad a través de la viabilidad política.

Hasta ahora, Trump, utilizando sus habilidades de ‘’showman’’ desarrolladas y pulidas en el mundo del entretenimiento, ha podido sobrevivir a todas las tempestades mediáticas que se le han cruzado en el camino, incluso cuando su equipo de comunicaciones no fue el más adecuado desde el día uno. ‘’Fake News” ha sido el nombre de bautismo que recibieron las noticias consideradas adversas a la administración. El presidente Trump ha tenido batallas mediáticas frontales con gigantes de los medios como CNN, con jueces que han paralizado sus órdenes ejecutivas, con periodistas que cubren sus eventos, y hasta con funcionarios que han tenido que renunciar, ¿alguien dijo James Comey?

El escándalo de la interferencia en las elecciones, así como la batalla con el ex director del FBI James Comey y los asuntos legales relacionados a los manejos de su abogado personal, Michael Cohen, solo han sido embriones que nunca llegarán a lograr el impacto que tuvo Watergate en el presidente Richard Nixon porque quizás los tiempos han cambiado y la realidad es otra o tal vez los americanos se han vuelto inmunes a estos fenómenos.

Trump es el mejor ejemplo de cuando un nuevo escándalo es la mejor arma para debilitar un escándalo anterior. De hecho, resulta difícil encontrar una semana de este año de gobierno donde el presidente haya podido disfrutar de unos días tranquilos en el despacho oval. Las controversias alimentaron sus chances de ganar la presidencia contra todos los pronósticos de los analistas. En la campaña, el ataque de los medios fue la gasolina que alimentaba esa “bola de nieve” llamada Donald J. Trump. No podemos dejar de mencionar que Trump siempre ha dicho que solo duerme 4 horas, por lo cual mientras los periodistas duermen él (a través de Twitter) crea la pauta de las mesas de redacción de esa mañana. Esta comunicación política 2.0 se está desarrollando en Twitter, dejando una tarea enorme al Secretario/a de Prensa de la Casa Blanca que tendrá, por casi una hora, que aclarar lo escrito en 280 caracteres (antes, solo 140).

En conclusión, Donald Trump se beneficia del conocimiento de un conjunto de actos del habla ampliamente conocidos en el terreno de la publicidad y en el mundo de los negocios. Estas herramientas de expresión, agresivas por demás, tienen como objetivo evitar el proceso de razonamiento consciente  e influir eficazmente en el campo inconsciente.

Esta columna se ha escrito desde la mitad del mundo, en Quito, capital de Ecuador. Precisamente es un adelanto de parte de lo que estaremos analizando en la conferencia titulada, “Las rutinas de la comunicación: Trump como caso de estudio”, en el marco de la III Cumbre Iberoamericana de Marketing y Comunicación Política (#CumbreQuito2018) a realizarse el 31 de mayo en dicha ciudad.


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