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Fernando Buen Abad
Fernando Buen Abad

Fernando Buen Abad Domínguez es mexicano de nacimiento, (Ciudad de México, 1956) especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar que otorga el Estado venezolano. Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride y del Instituto de Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Lanús

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Hombres y mujeres, jóvenes y no tanto, aprovechan cierta cresta de ola publicitaria que se ha fabricado para que el “stand up” agonice en medio de un glamour mediático de pacotilla y de la proliferación que, tarde o temprano, terminará saturando al formato, a los medios y las “audiencias”. Alerta, se salvan aquí las excepciones que han sabido ponerse a salvo.

Pedir y dar confianza se ha convertido en un mercadeo de dogmatismos a destajo con tendencia a suscribir complicidades cada vez más distantes de la realidad y de las pruebas. Con palabrería a discreción, los orfebres del engaño piden, sin empacho, “confianza” del pueblo, del cliente o del paciente… para obligarloa cumplir los rituales de la incondicionalidad disfrazada de “confianza” ciega, sorda y no pocas veces muda. 

Los patrones no respetan “privacidades”. No se trata de una “novedad” de ocasión ni de un “descubrimiento” de temporada… el espionaje es manía añeja que se cultiva desde que existe la dominación de una clase sobre otras.

Con el argumento de que “nada es para tanto”, que “todo es relato”, que todo es “relativo”, o que “la realidad es según el cristal con que se mira” deslizan una lógica de lo blandengue, servil al olvido o al perdón de las cosas más imperdonables. Así, las dictaduras no fueron tales, el holocausto es una exageración, Hiroshima fue menor de lo que dicen y Videla junto a Pinochet realmente no fuero tan “malos”.
No se trata de fabricar consignas de barricada ni se trata de un torneo de propaganda a ver quién es más ingenioso. El pueblo de Venezuela, con el liderazgo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, decidió responder a todas las agresiones con todas las fuerzas del Poder Originario. Venezuela tomó el camino del consenso y de la democracia participativa para enfrentar las maledicencias imperiales y las falacias burguesas.
A tal punto la proliferación de estas organizaciones se ha convertido en un carnaval de disfraces instituciones que ya los mapas de sus trapisondas se han vuelto enredos de trafico financiero, de tráfico de influencias y de todo género de lavados cuando no, directamente, unidades de combate desestabilizador y fuentes de provisión financiera para grupos paramilitares, para gubernamentales, para empresariales… en operaciones de todo pelaje intervencionista.    
Viejos como la lucha de clases, los insultos proferidos por los oprimidos suelen tener una misma base histórica y un mismo propósito político. Son formas de la “expresión” popular que no siempre son “fáciles” ni siempre proliferan masivamente, pero marcan (como pocas) los territorios de la lucha simbólica donde, frecuentemente, el sentido del humor  más corrosivo surte efectos demoledores en la moral de los “amos” y en sus ínfulas de prestigio. Desde luego nunca falta el ingenioso genuflexo que se cree capaz de neutralizar los “dardos” del insulto popular con escudos de silogismos chatarra y tandas represivas a mansalva. Moral y palos.
Algunos “políticos” y no pocos empresarios ideólogos, gustan del regodeo demagógico iluminista que se adorna con defensas incandescentes a favor del “derecho de los pueblos a la Cultura y la Comunicación” libres y de calidad. 
En cualquier balance afectivo e intelectual (juntos o separados) que hagamos en América Latina y el Caribe, encontraremos a Cuba como referente infaltable y como deuda impagable.
“El manifestante venezolano en llamas”, una foto tomada por Ronaldo Schemidt está entre las imágenes nominadas al premio World Press Photo. Estética de lo macabro…, un horror por donde se lo vea.